Sabes cuanto lamento, sabes cuanto quise cambiarlo, recapitularlo.
Lo sabes, sabes cuanto lloré y perdí. Estuve a la deriva, sin un puerto. Contemplando el humo, los juegos y el cambio de ambos llegando a construir un hogar en otros templos.
Morimos cuando encontramos nuevos deseos.
Nos enterramos cuando pudo más tu y mi codicia.
Enjaulamos por un tiempo nuestro mejor versión del cuento.
Pero rondó la muerte, la ida de alguien que nos encaminó al perdón.
Ella que abrió paso a la verdad y admiración.
Ella que curó todo aquello que aún envenenaba nuestros cuerpos.
Renacimos, partimos y retomamos el vuelo.
La lluvia, el viento, el invierno han vuelto tras ser cinco años nuestros.
Sabes que te agradezco, sabes que si algún día te sientes perdido, estoy aquí, entre Emilio, G y G pequeño.
Sabes que ya no hay más odio, sabes que te guardo y pienso con lo mejor que tengo.
Que estos días grises poco a poco se llenen de colores y más sueños.
Un gusto coincidir en esta vida. Espero verte siempre, aquí y allá.
Lo sabes, te aprecio.
Hasta luego.