9/1/20

Cherry

Recuerdo la nicotina. El marlboro blanco, el marlboro rojo. Tus pupilas. Un pobre enamorado que desde su ordenar descubrió que fue expulsado de su propia  epifanía. Dos seres salvajes cazando, siendo cavernícolas. Las vestiduras caían. Las risas retorcidas. Se detenía la música. Se avivaba la mora, se levantaba la sepia. Ochos año de una dosis de 24 horas de nicotina.

Combatiendo la dislexia

Trato de pensar en el inicio. En cómo comenzó mi vida y las letras. Ha sido como muchas cosas, algo que he aprendido a fuerza de desventuras y con muchas deficiencias. Aún no escribo como quiero. Apenas leo. Leo después de que mis ojos vieron más allá de sus fronteras. Una casa sin libros. Ideas que quiero decir, pero que me cuesta escribir. De miedo, de llantos, de no saber para donde ir. De frustraciones, de traumas de niña. De soledad, de desahogo. De querer salir del desconocimiento. 

Sentadas en salas de redacción que aún me cuesta descifrar. De pausas. De ritmos lentos. Respondiendo: quién soy?, de dónde vengo?. De desorden de ideas, de la distracción como calma. De Guerriero por las tarde, de mañanas a pasos lentos.

De dislexia, de ansiedad. De rimas y de fotografías. De querer retomar el hilo, de correr por escribir lo que yo escribo. De entender al mundo, en mi mundo. De abstracción, distracción. Cantos inconclusos, una familia que se desmorona, cae a pedazos.

Las letras entre la dureza y mi rudeza. De música a medias. Escondida para que nadie lea.