Conozco tu discurso gastado. La diversión es exceso para mí y tú, tú solo quieres ver como arde el fuego que ya se extinguió en mí. Es por eso que no te satisface y hablas, sin gracia, de lo insípido que puede ser ver a alguien que ya no siente nada por ti.
Te hace falta mundo para distinguir entre el pasado y el presente. No eres más el ser idealizado bajo el precepto del amor romántico, de la casualidad, de la pura ignorancia de no saber querer. No más eres el príncipe que se convirtió en sapo al final del relato. Aunque lo sabes, te lo agradezco, pero no sabes recibir las gracias y marcharte como un buen recuerdo.
Por favor, no juegues a dañarme, porque, si en una de esas lo tomo en serio, no daré tregua y se acaba la paz con la que suelto cada despedida, cada canción que no es, pero que se acerca.