Cuando es de amar, las expectativas versus la vida real son igual de inciertas.
Un día amanezco y lo deseo todo, otros, simplemente, solo quiero ir y venir.
Saltar de brazos y labios; correr, reír y jugar a que me quemo solo porque sí.
Por eso, respondiendo a tus berrinches de adolescente insensato, aún cuando te celebras tus 33 años, nunca podré ser yo. Y así es como el cuento no tiene fin, aunque tú dices que por fin puedes dejar ir.
Para ti, quien por hoy eres uno de los más importante, no puedo jurar que siempre voy a estar a flote, aunque lucho por ser y estar, nada ni nadie puede apaciguar esta interferencia que existe en mí.
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