Una vez pensé que las malas experiencias venían con sabor agrio, y claro así saben, pero con el paso del tiempo aprendí que son las que más te nutren, te dan vida, te enseñan... te dejan una moraleja.
Antes me limitaba a sentir, ahora puedo decir que eso me ayudó a tener coraje y a darle otro sentido a lo que escribo, ya que, en ocasiones el desahogo puede manifestarse con quedarse estancado, ese es uno de los mayores errores, pues, hay que saborearlos y afrontarlos con esas ganas de seguir.
¿Cuántas veces vimos días grises? ¿Cuántas veces pensamos en quedarnos ahí?
Los días pasan y aún sigo equivocándome , claro, no soy perfecta, y aunque sigo desempleada y con una luz intermitente en eso del amor, aún tengo ganas de seguir.
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