Tengo dos perfumes evaporados, un estando caído, un escritorio, varios ordenadores y un teléfono descompuesto. Cimientos de las catástrofes que no pude batallar. Las ranuras donde no cesan las ganas de querer renacer y se cuelan mis chispazos de luz.
Territorios desconocidos, creencias hechas verdad, un eclipse de oscuridad.
El tránsito entre estar-soportar o el dolor junto al partir para ver más allá del arrebato de la insensata insistencia de querer permanecer. Ahogada, sobredimensionada, por no querer sentir el miedo y la tristeza de ya no poder volverte a ver, a querer.
La adicción de desenlaces trágicos que cambian de dueño según cada 11, 5 o 2 años.
Aquí, aquí, reina la soledad, mi mente vaga por los pasillos de la escenas del pasado y el presente roto con tus y mis actos. ¿Qué quieres de mí? ¿Qué sientes por mí?
La guerra entre tus lazos y mis verdades no dan tregua: vaya noche de música y luciérnagas.
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