De cara al pasado, sin motivos ante el presente, sin plan para el futuro.
Tu llamado, hace 9 años, era un placer para mí, pero, hoy, te equivocas.
Ya no le temo a las noches, ni me escurro por las madrugadas, he podido enfrentar limpia las ansias.
Aún trabajo en los mismos problemas, pero ya no me dedico a desearte.
Yo he cortado la cuerda, el cordón umbilical de mi apego, dependencia emocional y miedo a la soledad. Aunque tu sigues inyectándote una dosis patética y rayada de deseo y desenfreno.
No lo niego, a veces, quisiera volver a aquel tiempo de nicotina, labios rojos, cabellos rubios o cuando era una joven de 19 que jugaba al engaño y las escondidas. Pero ya no estoy ahí.
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