27/8/21

Día 42

 Jugamos a dos canchas, a la de la frialdad o vulnerabilidad.

Defendemos siempre la primera, damos lo mejor que podemos, porque es más fuerte el orgullo y la "fuerza" a ser invadidos por las emociones. En el pedazo de la frialdad reina el desinterés, el desapego, el no ser débil. Al otro lado, hay lágrimas, lluvias de te amo, perdón.

Nadie rompe la coraza, es más práctico, racional, asumir el proceso fácil, eso de dejar ir y proyectarse como un ser humano funcional. Nadie dice lo impensado, mucho menos acciona. El salón de la vulnerabilidad es de los valientes, de los que no callan, de los que dicen lo que sienten a pesar de perder o, a veces, con la recompensa de ganar. 

No es fácil, nadie quiere dejarse perder y sentirse rechazado. Es todo un trabajo. Me imagino que cuando logras, y estas a las puertas de actuar con vulnerabilidad es un mundo mágico, porque no hay ego, ni máscaras rondando. 

Lo confieso, yo, aún no he llegado, por ahora me concentro en reconocer que voy hacia ese encuentro. 




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