Estoy viéndome fuera del dolor. Conduciendo luego de la media noche, ocultándome tras los rizos y la melena castaña. En luces fosforescentes. En lentes empañados y pensando en la tensión y la seducción. Con poca restricción, disparándole a la noche, entre el adviento del riesgo, del juego, del coqueteo.
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