Ahora, a dos meses, soy capaz de soltarte , finalmente, dejarte ir y, por fin, poner en un altar el hueco que dejaste. Definitivamente, eras la representación de todo lo que yo nombro como amor, el amor de mi vida.
Entiendo que para seguir no bastaba solo el amor.Entiendo que no vas a regresar y que cada tanto te alejas más y más.
Entiendo que pude dar más y que todo lo que pasó se podía solucionar. Que podíamos hacerlo funcionar. Pero, no, pasa que viví la prueba más grande, el transformar ese sentimiento en algo que se llama: dejarte partir cuando tú querías seguir sin mí. La vida también es de eso ¿No? De respetar y buscar paz, bienestar.
Sí, poco a poco limpio el estrago, me lleno de soledad, de ausencia y aprendo a extrañar. Unos días que duelen más. Un duelo que se vive con variantes: llanto y enojo. Algo normal.
Dónde quieras que estés, te mando amor, luz y mucha paz. Y aunque quisiera verte, al menos, pasar, prefiero solo imaginarte en felicidad. Y si estás iniciando algo más, espero con todo el amor del mundo que te llene de felicidad.
Te suelto aquí, en un lugar que se llama Popotlán, entre árboles, bebés y un grupo que no se niega a rendirse en buscar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario