Manejé escuchando Toosie Slide. A cuestas para ver una de las tardes más púrpuras y naranjas. Sentí paz. Hablé del presente. De cómo me ocupo de la vida adulta, de mí y mis preocupaciones: como el querer tener un espacio al que llame casa.
Cayó la tarde, abracé la brisa y la conjunción entre Venus y la luna creciente. Qué espectáculo. Sí, entre las cumbres y las luces de la ciudad.
Las risas de dos amigas que las separa 172 km de distancia. Pero que, hoy, se encuentran en Sivar para hablar de los próximos 32 el 19 de diciembre.
Así la vida sencilla. Así lo simple. Así sanar. Así dejar ir. Así amar a las amigas y la familia.
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